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 Si con siete días de preparación el cuerpo técnico no encuentra un equipo que pueda revertir la situación, ahora solo tendrá tres para el debut por la Libertadores ante el Flamengo en Brasil. Veremos si la Copa podrá encender ese fuego sagrado que lo despierte de esta pesadilla o si continuara por el mismo camino mostrando que es el peor River de la era Gallardo.

El peor River

 Si tomamos pequeños fragmentos del párrafo anterior nos daremos cuenta que es todo lo contrario de lo que pretende Gallardo y de lo que sus equipos supieron mostrar. De la presión asfixiante a “no presionar al rival o hacerlo descoordinado”. De una movilidad absoluta por todo el campo a “un equipo demasiado estático”. De tener dos o tres receptores de pase a “nadie mostrarse como opción”. Del jugar por abajo al “pelotazo”. Del equipo bien corto al “equipo demasiado largo”. De la precisión como pauta principal a una “llamativa imprecisión”.

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 Si decimos que la figura fue Armani ya podemos anticipar lo que es este pésimo presente de River que no solo sigue jugando muy mal sino que cada vez peor. Aquella pequeña luz que había aparecido en el empate ante Godoy cruz se volvió a apagar por completo. Es difícil de creer el momento futbolístico viendo el material con el que se cuenta, pero muy fácil de analizar porque River hace todo mal. La misma frustración porque las cosas no te salen y la posterior desesperación por revertirlas lleva a los interpretes a equivocarse hasta en lo más básico.

 Partido tras partido el equipo sigue sin reacción ante la adversidad, totalmente decaído como sin ganas de jugar, como cuando vas perdiendo por goleada y quedan pocos minutos para el final. No hay presión al rival y si lo hace es de forma muy descoordinada por lo que no surge ningún efecto y

los espacios entre líneas aparecen con mucha facilidad. A la hora de la posesión se ve un equipo demasiado estático y con muy poca movilidad, nadie se muestra como opción de pase para el que tiene la pelota por lo que el único recurso es el pelotazo. Todo esto lleva a un equipo demasiado largo que sumado a la llamativa imprecisión de los jugadores dan como resultado este presente desastroso.

Napoleon a la deriva
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